
Para muchas mujeres, la idea de cursar un posgrado no se abandona por falta de interés o capacidad, sino porque la vida ya está llena.
Trabajo, maternidad, cuidados, responsabilidades domésticas ocupan casi todo el día, y pensar en estudiar simplemente parece inviable. Incluso, el burnout en madres puede comenzar desde el instante en que se intenta evaluar si es posible hacerlo sin desbordarse.
Hablar de este agotamiento es nombrar una realidad compartida por mujeres que intentan no dejar de lado sus aspiraciones sin dejar de cuidar, mientras avanzan sin desaparecer en el intento.
El burnout materno no siempre llega de golpe. A veces se instala poco a poco, normalizado entre pendientes, horarios imposibles y la sensación constante de no estar llegando a todo. Así lo vivió Maki Sotelo, mamá, profesionista y estudiante de la Maestría en Mercadotecnia y Gerencia de Marcas.
En su experiencia, el principal desafío fue el tiempo. Las clases se impartían en horarios nocturnos pensados para personas que ya habían terminado su jornada laboral. Para ella, esos horarios coincidían con juntas o eventos de trabajo y responsabilidades familiares.
“Combinar tres actividades —maternidad, trabajo y maestría— está brutal”, recuerda. Hubo etapas en las que tuvo que priorizar: primero su hijo, luego el trabajo y, en último lugar, el posgrado. Algunas entregas se retrasaron, otras no se pudieron cumplir.
Sin embargo, también reconoce algo importante: estudiar no fue solo una carga, fue un ejemplo para su hijo. Hacer tareas al mismo tiempo que él, compartirle lo que aprendía y mostrarle que el crecimiento profesional no termina con la maternidad fue, para ella, una forma de sembrar algo más profundo.
Una experiencia distinta, pero igual de significativa, es la de Andrea Jaimes. Mamá de dos adolescentes, pasó años dedicada por completo al hogar. A los 46 años, sintió que por fin tenía el espacio emocional para retomar su profesión como abogada. “Convencerme de que podía volver a estudiar y trabajar fue el mayor reto”, cuenta. Para ella, la única opción posible fue un diplomado en la modalidad virtual. Sin esa flexibilidad, simplemente no habría sido viable.
Ambas historias reflejan lo mismo: ser madre y estudiante universitaria implica mucho más que administrar el tiempo. Implica enfrentar miedos, culpas, cansancio y dudas internas que rara vez se visibilizan.
Se manifiesta como un agotamiento profundo asociado a la sobrecarga de roles. Incluye cansancio emocional, sensación de ineficacia, irritabilidad y, en muchos casos, culpa constante por sentir que nunca es suficiente. No se trata de falta de capacidad, sino de exceso de exigencia sin redes de apoyo adecuadas.
Este contexto explica por qué estudiar, trabajar y ser madre puede convertirse en un terreno de alto riesgo emocional si no existen apoyos institucionales, flexibilidad y acompañamiento.
Prevenir o gestionar el burnout no significa “hacer más”, sino hacer distinto. Estas estrategias, surgidas de experiencias reales, pueden marcar una diferencia:
No todo se puede hacer al mismo ritmo que antes de la maternidad. Aceptar pausas, entregas diferidas o cargas académicas más ligeras también es parte del proceso. Como en el caso de Maki, ella priorizó a su hijo, lo que le permitió adaptar sus rutinas a los tiempos de la maestría.
Las herramientas digitales en la educación permiten organizar tareas, calendarizar entregas o estudiar en bloques más flexibles. La clave está en usarlas para aliviar, no para saturar.
Saber que no se está sola cambia todo. Espacios donde otras mujeres comparten experiencias similares —como los que se recogen en Estudiar en línea: experiencias reales de alumnos Anáhuac— ayudan a normalizar el cansancio y a encontrar soluciones colectivas.
Para muchas mujeres, los estudios para madres solteras o para madres trabajadoras solo son viables en formatos virtuales (o híbridos), así como lo decidió Andrea. Explorar opciones como las Licenciaturas en Línea o posgrados flexibles no es una concesión, es una estrategia de cuidado.
Como cuenta Maki, estudiar también es una forma de mostrar a las hijas e hijos que aprender es un proceso continuo que deja huellas profundas, incluso cuando el camino es exigente.
El burnout no se resuelve con frases motivacionales ni con más disciplina, ¿tiene que abordarse? con empatía, estructuras flexibles y una cultura educativa que reconozca que las trayectorias no son lineales. Para muchas mujeres, estudiar en línea no es una moda, es la única forma de seguir creciendo sin renunciar a su identidad materna.
Hablar de burnout en madres es abrir la conversación sobre cómo queremos que sea la educación: más humana, más comprensiva, más real. Porque maternar, trabajar y estudiar no deberían ser batallas opuestas, sino caminos que puedan encontrarse con apoyo.
Fuentes:
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